Ir al contenido principal

Entradas

Balada o metástasis da saudade

La cinta no se detieney el avance no es avance sino defectoformativo.
Colocas la zanahoria y corresy sin embargoquietudcomo un barco anclado en una tarde de tormenta.
Los turistas fotografían desde el camarote.
Nosotros sufrimos la intemperie y la franela:pulso, ritmo cardiaco, velocidad/tiempoy nunca espacio:
la vida a los treinta y pico.
Morir en el intento. Soñar hijos con/hambresin esperanzaajenos a los grandes planesque teníamos para ellos.

_______________
Soundtrack: The Guilt
Entradas recientes

Porto o la ciudad de las librerías que nunca cerraban

I.
Somos cientos de turistas atravesando los sacos de arena, superando las balizas y asestando el golpe de gracia, bayoneta mediante, a los ancianos que hasta hace un par de semanas -tal vez tres- languidecían en estas calles. Adiós a las tascas, al bacalao cocinado como siempre, con ese sabor tan característico de la desembocadura. Despedidas ya las librerías de viejo y los negocios con sabor añejo, nos queda el parque temático. Los puentes. La importación del diseño centroeuropeo y, por qué no decirlo, las postales al alcance de cualquier cámara fotográfica de precio significado.
II.
Bajo la casa hay una docena de historias y todas son verdad. Se escuchan motores y pasos, perros chillando al amanecer, pero nunca se ve a nadie. Las hojas del castaño se balancean en silencio, fingiendo ser un castaño cuando podría ser cualquier otro árbol. Abro la ventana y expulso el humo del salón que, como era de prever, hace las veces de cocina, baño y habitaciones. El diseño blanco y sencillo ha con…

Practicando la crítica gastronómica cuando la lírica pierde todo sentido

Los cocineros son las nuevas estrellas del rock y entendí por qué la lírica ocupó el recóndito espacio de la insignificancia. Por qué las palabras no podían definir la textura de la oreja blanca o el frescor del membrillo dulce como pezones adolescentes, los vestidos largos, el maquillaje definido en tus carnosos labios de ultratumba. Y tracé el único plan posible: regodearme en el vino y en el chiste fácil. Miré el fondo del pozo, hallándonos entre tarjetas de crédito que se creían mejores que nosotros, como si eso nos hubiera importado cuando nos sentamos a la mesa. Nunca confié en las velas, pero esta luz cenital invitaba a ka autopsia. Tomaste el bisturí y besaste el acero quirúrgico de la cecina sobre el plato alargado. Nos tendimos sobre el mantel y nos quedamos dormidos, en el sueño práctico de los excesos y las elucubraciones. No nos gustan las calculadoras y desciframos el enigma del chef o cómo defender cuerpo a cuerpo cada plato que salía al comedor. Éramos una pareja de ba…

Un cachopo llamado Talaso contra los hombres grises

Se cree especial, pero no lo esmiradlo bien
Nacho Vegas

La brisa dejó de ser brisa                              brisa hecha viento
         salvaje                     viento reconvertido en caída
suicidio

Y en la muerte               hipotética muerte
                 solo estabas tú

Pensé en Moisés                    a   b  r  i  e  n  d  o 
      l  a  s   a  g u  a  s
de un lado el Atlántico
                                              y al otro Picos de Europa


en el medio nosotros text-align-center
2.
Nuestros pies ardían con el sudor acumuladochaquetas traídas de Chinatan azules como tu sonrisa azul en los días azules de fiesta azulno transpiraba y el aire luego ciclónnos empujaba a la cimacomo si la cima no fuera un espacio físicouna antena de telecomunicaciones o una cruzmetálica desvencijadacomo si la cima fuese cima y núcleovalle y meseta plato de grabanzos con calloso como si ya sólo nos esperara la bajadabaja      da
Asumimos el esfuerzo milimetrado de las coordenadasy ascendimos como…

Gustav Metzger y la lógica de los manifiestos oportunos

I

Por qué no escribir un manifiesto. Otro manifiesto. Por qué no delimitar los criterios y extraer un nombre de la densidad del diccionario. Un nombre contundente y publicitario. Lúcido y performativo. He buscado ese manifiesto definitivo con ahínco. Imaginaba a los poetas de mi generación adscribirse a la corriente nueva, a la ideología nueva. A la poética definitiva. 

II
Hasta hoy. Hoy me topé con el "Arte Auto-Destructivo y Auto-Creativo” de Gustav Metzger o, traducido para los ignorantes del nuevo arte, cómo introducir un Opel Kadett en un museo y reventarlo por completo. Esa búsqueda. Esos juegos textiles e impresiones. Esas fórmulas utilizadas hoy, pero totalmente novedosas en 1960. O 64. Marcelino de cabeza marcándole a Rusia un gol.
III
Quiero lo mismo que este señor. Y Gustav Metzger se gira, me hace un guiño con la copa a media altura y esboza una ligera sonrisa. Dice chin-chin entre dientes. Entre los escasos dientes que le quedan. Le devuelvo el gesto, con cierta complicid…

Calor es un título muy Vilas para un poema poco Vilas y muy Lou Reed: Berlín.

El verano estuvo sobrevalorado durante grandes lapsos del cretácico
las maletas pesaban
los garajes no daban cobijo
y los patios eran ruinas de tomates desglosados.

Entonces llegué yo.
Y fue verano algún tiempo más tarde
por riguroso capricho del calendario
y de las estrellas (del rock).

Y sobraban las sábanas.
Y sobraban las ropas.

Y sobraba menos el hielo
cualquier otro sedimento o material incandescente.

Anoche
un viento quebradizo
espantó a los pájaros
hizo maullar a los gatos
los niños lloraron
y algunas ancianas permanecen insomnes
desde entonces.

Oh verano
candor adolescente
fulgor milenario
núcleo
magma

sueño

Pizza gratis para los amantes: velocidad = espacio / calendario de guardias

Ciudades que se repiten en varios territorios
y plagas que avanzan devorando los maizales.

El pizzero es el animal más rápido de nuestro tiempo
y luego estás tú,
capaz de regresar a tu centro de trabajo
apenas recién llegada.

Aterrizas cual helicóptero sobre la piscina
del Doctor Muslow,
emergencia máxima,
las llamas corretean infantiles
entre los eucaliptos y el monte bajo,
entre la estampida y la abrasión.

Crema solar factor de protección cincuenta.

Las noches sin ti son noches de otro tiempo,
la pizza y la velocidad no cambian el curso de la historia
ni el recuerdo fugaz de tu visita.

No conquistaré Stalingrado hoy.
No derretiré las nieves de las cumbres.

Apenas seré capaz de aniquilar esta cerveza
y esperar,
esperar a que el humo se diluya
y las hélices tumultuosas del cronómetro
se detengan un momento.

Amanecer. Alborada. 
Júbilo en la plaza del pueblo.

Cenizas. Fiesta tal vez.